Siguiendo a Cristo

Entre tantas otras maneras de seguir a Cristo está la vida religiosa.

El encuentro personal e interior con el Cristo del Evangelio es el comienzo de todo. Este encuentro es decisivo en esta opción de vida.

Un momento preciso o bien una larga historia nos conducen a la íntima certeza de un amor que nos sostiene, nos colma, nos invita, nos pone en marcha...


Un camino

 

La llamada presentida en el corazón necesita ser confirmada.

En el acompañamiento espiritual -una de las maneras de confrontar nuestro deseo- podemos discernir mejor:

  • Lo que nos habita profundamente
  • Cómo Dios viene a nuestro encuentro
  • Dónde está la alegría de nuestro corazón


Una comunidad religiosa

Cuando escogemos una comunidad religiosa entre tantas otras, es porque ahí algo ha vibrado en sí.
Algo de lo que viven esas mujeres ha encontrado eco en lo que yo ya llevaba dentro: su manera de vivir, el espíritu que las anima dan cuerpo a una aspiración, a una sensibilidad que son también las mías. Reconozco en ellas algo que me atrae: su vocación me atañe.

La comunidad es el lugar en el que nuestro deseo de seguir a Cristo puede concretarse. No de modo aislado sino dentro de la dinámica de una comunidad, lugar en el que nuestro envío consiste en vivir como hermanas y experimentar lo que queremos anunciar.

Nuestra vocación en San Andrés

El espíritu que nos anima y nos particulariza como hermanas de San Andrés se podría especificar así:

Una vocación apostolica:

Como Andrés, el discípulo de Jesús

  • respondemos a la llamada de Jesús "venid y ved", para permanecer con él y seguirle hasta el final.
  • no tenemos qué ofrecer sino los cinco panes y los dos peces de lo que somos, para que, por nosotras, El cumpla su obra.
  • queremos conducir a Jesús a los hombres y mujeres que nos rodean para que hagan a su vez la experiencia liberadora de su encuentro.

 

Como Ignacio de Loyola

  • queremos ver el mundo y nuestra propia vida como lugares en los que Dios obra.
  • estamos llamadas a entrar en un conocimiento íntimo de Jesucristo para escoger lo que él escoge y entrar en el puesto del siervo.
  • nos anima el deseo de ponernos al servicio de su Misión en el mundo, para que todos "tengan la vida y la tengan en abundancia" (Juan 10,10)

     
Una vocación marcada por la búsqueda ecuménica:

"Nos sentimos invitadas al amor por las Iglesias y por la Iglesia tal y como Dios la quiere y como El la ama. Esto nos conduce a una apertura que va más allá de las realidades de nuestras iglesias locales, al deseo de un mejor conocimiento y comprensión, al respeto de las diferencias, a una atención y a una consideración de las diferentes maneras de vivir y de expresar la fe, a la búsqueda de la unidad."

(Congregación General 2005)
 



Una vocación abierta a lo universal:

Nuestra congregación no está atada a ningún lugar ni a ninguna obra particular sino que está llamada a vivir en todo lugar del mundo donde más se espere servir a Dios y "ayudar a las almas" según la expresión de Ignacio.
Esta apertura nos indica el horizonte y nos invita a un continuo discernimiento para escoger las misiones. A priori ninguna situación humana queda excluida de esta elección.

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