Espiritualidad

Saint Ignace de Loyola

Vivir de una "espiritualidad" es estar vinculado a una des las familias espirituales que constituyen la riqueza y la diversidad de la Iglesia. San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila... no solo han fundado o reformado una orden, también han transmitido, a través de sus escritos, una experiencia de Dios, una manera de vivir el Evangelio que se han convertido en camino de vida para muchos otros.

Ignacio de Loyola fundó en el siglo XVI la Compañía de Jesús. Muchas comunidades religiosas, de hombres o de mujeres y varios grupos de laicos viven hoy de la "espiritualidad ignaciana".


Como hermanas de San Andrés nos reconocemos hoy plenamente en la espiritualidad ignaciana, manteniendo una con nuestras características propias.

 

Adopción progresiva

Entre los siglos XIII y XVII, como la mayoría de las comunidades religiosas de la época, nuestras hermanas vivían según la regla de San Agustín: vida comunitaria, amor fraterno, servicio de Dios y de los pobres son las palabras clave.

Manuscrit des Exercices Spirituels de Saint Ignace

La espiritualidad ignaciana empieza a marcarnos desde el siglo XVII, a través de la revisión de nuestra regla que hizo un jesuita y a través de nuestra práctica de los Ejercicios Espirituales.

La Revolución Francesa nos desalojó, estuvimos diseminadas y privadas de nuestros bienes pero la determinación de algunas hermanas, con el apoyo de hombres de Iglesia, permitió un renacer de la Congregación, con una orientación claramente ignaciana.

Nuestras Constituciones, recibidas en 1857, actualizadas en el momento del aggiornamento para acercarlas a las de Ignacio, fueron finalmente aprobadas en 1987.

 

El "implante" ignaciano
ha "agarrado"

Los Ejercicios Espirituales modelan nuestra manera de orar y de avanzar en un "conocimiento íntimo del Señor" (EE 104). Inspiran nuestra relación a los demás y a las cosas, nuestra manera de abordar los acontecimientos y de orientarnos en la complejidad de la vida.

 

La formación humana, teológica y espiritual que recibimos en San Andrés debe procurarnos libertad y apertura para un amplio abanico de misiones.

 

Las Constituciones son el marco de nuestra vida en común: las hermanas, formando un solo "cuerpo", se reúnen en la unidad por el vínculo de la obediencia y permanecen libres para ser enviadas a cualquier lugar con vistas a un "bien más universal".

Actualmente nos inscribimos plenamente en la corriente de la espiritualidad ignaciana. Somos pocas pero muy diferentes en cuanto a edades, nacionalidades y experiencia eclesial. Vivimos en comunidades internacionales, abiertas a la búsqueda ecuménica, animadas por el Evangelio en un mundo y en una Iglesia en transformación.
 

"De qué manera vivimos la espiritualidad ignaciana, las hermanas de San Andrés".